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Recuerdos que no se borran

August 21, 2018

 

Natalia es una emprendedora con todas las letras.

Hace años que lucha incansablemente no solo por llevar un plato de comida a su casa, sino para ayudar a su comunidad y a los que menos tienen. 

 

Nati, junto con su marido, no solo son referentes del barrio, de la villa 20, sino que deberían ser referentes de todos nosotros.

 

Les dejamos una breve nota para que los conozcan y se encariñen como lo hicimos nosotros.

 

Que la disfruten!

 

 

¿Cómo empezaste con tu marca? ¿Qué te llevó a crearla?

Hace más de 14 años comenzamos este emprendimiento familiar de estampados en nuestro barrio, la villa 21-24 de Barracas. Al principio nos llamamos”Punto Veintiuno Estampados”, haciendo referencia al lugar de donde vivimos, pero actualmente estamos en el proceso de registro de marca para “Artecito” para distinguir de todos los productos que estampamos uno muy especial para nosotros: los dibujos de egresaditos de jardín. Se trata de una línea de remeras y tazas diseñadas como souvenir de recuerdo para los más chiquitos de la casa que están transitando la etapa de preescolar o sala de cinco años.

 

Teníamos que buscar un nombre que representara estas pequeñas obras de arte que realiza todo niño o niña cuando está en el jardín y así nace Artecito (el arte de los más chiquitos) junto con nuestro eslogan “Recuerdos que no se borran”.

Son dibujos que marcan etapas, momentos únicos e irrepetibles que quedan en nuestro recuerdo pero también pueden plasmarse en una prenda u objeto.

 

El nombre surgió en una clase de diseños de marcas que hice junto a otros emprendedores con el equipo de Marcas que Marcan en el CMD. Entre todos colaboramos con las ideas y mensajes que queríamos transmitir con cada marca.

Luego llegué a casa y compartí la idea del nombre con mis hijos y mi esposo, y junto con ellos elaboramos los colores, la tipografía y los formatos que dieron forma a la marca.

 

¿Qué obstáculos o dificultades encontraste en el camino? ¿Qué aprendizajes te trajeron?

Las dificultades económicas que teníamos fueron el principio de este emprendimiento. Buscamos una actividad complementaria que nos ayude a llegar a fin de mes, además del sueldo de mi esposo. Utilizamos los conocimientos y recursos que teníamos: una plancha doméstica, una impresora hogareña, la computadora y la idea.

Queríamos estampar en papel transfer las fotos de nuestros hijos y sus dibujos escolares en remeras ya que las fotos de papel y los dibujos se nos iban arruinando por la humedad o el paso del tiempo.

El obstáculo más grande siempre fue el económico: no poder acceder a un crédito para comprar las herramientas necesarias (ya que lo veníamos haciendo de forma casera) y el hecho de vivir en un barrio vulnerable muchas veces te cierra puertas. Todo se hacía cuesta arriba hasta que Romina, mi vecina (y hoy, una gran amiga), aparece en esta historia. Ella nos ayudó con un ahorro que tenía y nos lo prestó para que podamos comprar la estampadora industrial y mejorar la computadora. Estas son las pequeñas grandes cosas que hacen diferencia: la solidaridad que se vive en nuestros barrios.

El aprendizaje es continuo porque siempre vamos superando obstáculos que nos hacen crecer, no solamente en lo referido al emprendimiento sino en lo personal y comunitario.

Hacemos estampados con la técnica de sublimación sobre remeras, tazas, almohadones, banners, stickers y también con vinilo termotransferible. Además realizamos carteleria y gráfica con vinilos autoadhesivos.

Transformamos un emprendimiento familiar en un emprendimiento de impacto social ya que siempre pensamos que dentro del valor comercial de un producto o servicio es importante tener un valor agregado de impacto social: devolver algo a la comunidad, resolver una situación puntual que mejore la calidad de vida de nuestro prójimo.

Por un lado, buscamos generar una red de trabajo colaborativo dentro del barrio con emprendedores textiles que brinde fuentes de trabajo genuino y formal, y por el otro nos creamos el Banco Solidario de Anteojos que nació de una problemática puntual a partir de la observación de los dibujos de los niños de los jardines de nuestro barrio.

¿Qué vimos? En algunos dibujos los chicos no podían escribir su nombre, en otros no podían dibujar o pintar como el resto de sus compañeritos. Entonces consultamos con las maestras, que nos explicaron que estos niños no veían bien, tenían problemas visuales y, al no conseguir turnos en los hospitales, se hacía difícil la detección temprana y en el caso de necesitar anteojos tampoco los podían comprar por dificultades económicas o falta de obra social.

 

¿Cómo es un día laboral tuyo?

Un día laboral comienza a las 7.30 de la mañana. Empiezo desde temprano las tareas hogareñas, luego reviso la casilla de mail, abro el face y reviso las notificaciones de Mercado Libre (desde hace 2 años vendemos por este canal). En casa también atendemos al público: las madres que pasan temprano a llevar a los chicos al colegio consultan por los combos de egresaditos, candy bar o remeras personalizadas, etc. También recibimos consultas por WhatsApp.

Después organizamos los pedidos y  las entregas que realizamos coordinando los puntos de encuentro desde Mercado Libre. Optimizamos el tiempo de una entrega para comprar insumos (telas, hojas, tintas, etc) ya que el tiempo del emprendedor es muy importanteo porque muchas veces no tenemos un horario fijo y trabajamos los feriados, los fines de semana y en horarios extendidos.

Mientras tanto, asistimos a capacitaciones, reuniones de mentoreo para Artecito con el equipo de Creer Hacer en Boulogne, para potenciar el emprendimiento y su impacto social.

También tenemos reuniones con el equipo del Banco de Anteojos, con profesionales y voluntarios que nos acompañan en este proyecto que ya lleva realizado dos operativos visuales y estamos coordinando el próximo operativo para antes de fin de año. El operativo se realiza en la Parroquia de Caacupé (junto con el Padre Toto y la directora del jardín), donde vienen los profesionales para realizar una prueba visual de atención primaria de la salud en los niños de sala de cinco años. A partir de allí los pueden derivar, recetar anteojos y recibirlos en forma gratuita.

La idea era trabajar desde Artecito durante años y así recaudar los fondos necesarios para cubrir los gastos de los operativos y los anteojos de los niños que los necesitaran. Pero todo se aceleró cuando recibimos una donación de marcos ¡que hoy ya son más 700! Esto surgió a partir de una tesis para una diplomatura en transformación social en la Universidad Siglo 21 junto a Creer Hacer, donde formamos un equipo de trabajo, junto a  Gabriela Alperhin de Fundación Diagonal quién fue la encargada de Conseguir las donaciones de los marcos.

 

¿Qué es lo que más te gusta de ser emprendedor?

Lo que más me gusta de ser emprendedor es tener la libertad de poder pensar y generar ideas no solo para que el emprendimiento crezca y sea rentable, sino para disponer de recursos que nos permitan hacer un trabajo que impacte de forma real en nuestra comunidad, con la cual crecimos y fuimos aprendiendo que la dificultades de uno son las dificultades de todos y la alegría de uno es la alegría de todos. Conocemos todos los días gente increíble que intenta todo el tiempo dar una mano de forma totalmente desinteresada.

 

¿Qué es lo que más te cuesta?

Lo que más me cuesta es poder equilibrar el tiempo para el emprendimiento y el Banco Solidario de Anteojos. En un primer momento quisimos hacer todos los operativos posibles para donar los 700 marcos pero nos dimos cuenta de que es primordial primero poder generar las ventas, cuidar la salud del emprendimiento, cuidar a la familia y lorar que todo esto sea sustentable en el tiempo, replicable a otros barrios y escalable para crecer sostenidamente. Aprendimos lo importante de encauzar la energía desde la proyección a largo plazo.

No queremos que este proyecto termine en asistencialismo y dependa de donaciones: queremos crear una conciencia para reutilizar marcos usados, reacondicionarlos, reutilizar los vidrios usados y lograr convenios con facultades, empresas e instituciones que nos acompañen.

 

¿Qué rol tiene la tecnología en lo que hacés?

El rol de la tecnología es fundamental ya que todo esto comienza con una computadora, una impresora y una plancha domestica. Todo el tiempo utilizamos la tecnología para poder generar ventas (Mercado Libre, Facebook y ahora estamos incorporando el uso de Instagram). También la utilizamos en las maquinarias que como el plotter de corte y las bordadoras, lo que implica un conocimiento sobre tecnologías de diseño y vectorizado.

 

¿Qué te inspira? ¿Qué buscas transmitir con lo que hacés?

Lo que más me inspira es que un emprendimiento pueda ser una herramienta de transformación que no solo genere recursos económicos sino que nos ayude a cambiar realidades. Intentamos transmitir el espíritu solidario en el cual crecimos dentro del barrio 21-24.

 

¿Qué mensaje le darías a las personas que tienen ideas y no se animan a ejecutarlas?

Alguna vez me dijeron que el peor fracaso es no haberlo intentado. Sin dudas lo más importante es atreverse a ejecutar esa idea y en el camino uno va aprendiendo y va logrando mejorarlo. Vemos en muchas familias del barrio el sacrificio de generar sus propios ingresos ante la falta de trabajo y de oportunidades, el esfuerzo que ponen en salir adelante ante todas las dificultades: un kiosquero, una modista, una persona que sale a vender por el barrio chipá o pan casero, un zapatero que se instala en una esquina con su máquina de coser y hace arreglos de calzado, sobre la vereda de un vecino transformándola en un modesto taller. Estos emprendedores de la vida son los que nos inspiran a diario y no los casos donde el éxito está contado desde la visión de un " gurú emprendedor " que escribió libros desde su cómoda realidad.

Hacer cosas que nos lleven a crecer en comunidad sin dudas eso es un gran logro. El camino emprendedor nunca es fácil pero sí sumamente enriquecedor.

 

¿Cuáles son tus principales desafíos hoy y qué necesitarías para superarlos?

Nuestro principal desafío es poder generar más clientes,llegar a nuevos nichos de mercado con productos propios. Por ejemplo, una línea de remeras de confección dentro del barrio realizadas por costureros y costureras que le darán ese valor agregado que permita sostener el proyecto para poder crecer.

¿Tenés algún referente? ¿Quién es y por qué?

Nuestros referentes no tienen mucho que ver con el ámbito emprendedor pero sí con nuestro trabajo: los curas villeros (el padre Pepe Di Paola y el padre Toto Lorenzo de Vedia) son dos queridísimos amigos que nos enseñan con su trabajo a ponernos en el lugar del otro y trabajar con muchas ganas y alegría a pesar de las dificultades.

 

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